La primera webcam de la historia nació por una cafetera: así empezó una idea que cambió internet

Hoy una webcam puede servir para una videollamada, una clase a distancia, una transmisión en vivo o una cámara de seguridad. Pero una de las tecnologías más comunes de internet comenzó con un problema muchísimo más simple: un grupo de investigadores no quería caminar hasta una cafetera para descubrir que estaba vacía.

La historia ocurrió en el Laboratorio de Computación de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra. A comienzos de los años noventa, varios investigadores trabajaban repartidos por distintas zonas del edificio, mientras compartían una sola cafetera ubicada en la llamada Trojan Room. El problema era que el café recién preparado desaparecía rápido. Para quienes estaban más lejos, hacer el viaje hasta allí podía terminar en una pequeña decepción: llegar y encontrar la jarra vacía.

En 1991, Quentin Stafford-Fraser y Paul Jardetzky aprovecharon una cámara de video y una tarjeta de captura para resolver el problema. La cámara quedó apuntando directamente hacia la cafetera y un programa distribuía pequeñas imágenes en blanco y negro a las computadoras conectadas a la red interna del laboratorio. De esa forma, los investigadores podían mirar su pantalla y comprobar el estado del café sin levantarse de su escritorio.

Según la Universidad de Cambridge, aquel sistema se convirtió en la primera webcam. Pero todavía faltaba el paso que transformaría una solución interna bastante divertida en una pequeña pieza de la historia de internet.

Dos años después, cuando la World Wide Web comenzaba a expandirse y los navegadores ya podían mostrar imágenes, los investigadores se preguntaron qué ocurriría si una página mostrara una imagen que cambiara constantemente. Ya tenían precisamente eso funcionando dentro del laboratorio: la cámara de la cafetera.

El 22 de noviembre de 1993, las imágenes de la Trojan Room Coffee Pot comenzaron a estar disponibles en la web. A partir de entonces, cualquier persona conectada podía observar desde lejos una pequeña imagen granulada de una cafetera en Cambridge. Lo que había nacido para evitar unos pasos por un pasillo empezó a recibir visitantes de distintas partes del mundo.

La historia detallada por Gonville & Caius College de Cambridge cuenta incluso que la imagen se actualizaba inicialmente apenas unas pocas veces por minuto. Para los estándares actuales parece casi nada, pero en aquel momento la posibilidad de mirar desde una computadora algo que estaba ocurriendo físicamente en otro lugar resultaba extraordinaria.

La cafetera acabó convirtiéndose en una curiosidad internacional. Personas de otros países seguían su imagen y algunos visitantes llegaron a preguntar cómo encontrarla cuando viajaban a Cambridge. Con el tiempo, las cámaras conectadas a computadoras dejaron de ser una rareza: hoy forman parte de teléfonos, laptops, sistemas de vigilancia, transmisiones deportivas, hogares y millones de videollamadas diarias.

La cámara de Cambridge no creó por sí sola todo ese mundo, pero demostró de una manera muy sencilla una idea poderosa: internet podía convertirse en una ventana hacia algo que estaba sucediendo en otro lugar. Y lo curioso es que esa ventana no comenzó apuntando a un gran acontecimiento, una conferencia o un experimento científico.

Comenzó apuntando a una cafetera para que unos investigadores supieran si todavía quedaba café.

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