Una burbuja parece una de las cosas más inofensivas que pueden existir bajo el agua. Sin embargo, el camarón pistola consigue que su desaparición produzca un impacto capaz de aturdir a una pequeña presa cercana. Su herramienta es una pinza especializada que pone en marcha todo el mecanismo.
Al cerrarla a gran velocidad, expulsa un chorro de agua que genera una burbuja de cavitación. Es una pequeña cavidad que se forma por las condiciones de presión creadas por ese movimiento. Apenas aparece, comienza la parte decisiva: la burbuja colapsa y libera un intenso pulso de presión acompañado de un chasquido.

Ese impacto puede aturdir e incluso matar a pequeñas presas. Por eso, el apodo de camarón pistola describe bastante bien su manera de actuar: produce un “disparo” bajo el agua, aunque no lance una bala ni necesite golpear directamente a su objetivo.
El detalle que cambia toda la explicación es el origen del ruido. Un estudio publicado en Science combinó grabaciones de alta velocidad con mediciones acústicas y confirmó que el sonido aparece cuando colapsa la burbuja, después del cierre de la pinza.
Todo sucede tan rápido que observar al animal a simple vista deja fuera casi toda la acción. Según explica Journal of Experimental Biology, el proceso completo en los adultos ocurre en menos de una milésima de segundo. Para distinguir la pinza, el chorro y la burbuja hace falta ralentizar las imágenes enormemente.
Y esta capacidad comienza cuando todavía son muy pequeños. En una investigación sobre camarones jóvenes, los científicos observaron que empezaban a chasquear sus pinzas alrededor del primer mes de vida. Incluso algunos ejemplares con pinzas de apenas un milímetro lograron generar burbujas de cavitación.
Para seguir esos movimientos, el investigador Jacob Harrison utilizó grabaciones de hasta 300.000 cuadros por segundo. Así pudo examinar una acción que nuestros ojos no alcanzan a separar en sus distintas etapas. El mecanismo funciona de manera comparable a una catapulta: almacena energía y la libera de golpe.
La próxima vez que una burbuja te parezca poca cosa, recuerda este pequeño cazador. Su estrategia convierte un cierre de pinza, un chorro y un colapso fugaz en una herramienta de caza extraordinaria. Bajo el agua, una acción casi invisible puede tener consecuencias muy concretas.